
Cuando San Jerónimo (hace aproximadamente 1600 años) realizó la primera traducción completa (al latín) de la Biblia, por encargo del papa, estuvo bajo la gran presión del poder eclesiástico y de las fuerzas políticas que estaban surgiendo en la época. Ante esta presión, temas como la reencarnación, la ley del karma (“lo que siembras, cosecharás”) y las enseñanzas de Jesús de Nazaret acerca de la relación pacífica de los hombres con los animales no encontrarían ningún lugar en la Biblia eclesiástica. Sin embargo, el amor de Jesús por los animales brilla con luz propia, pues todas las religiones fidedignas nos piden “no matar”, y nos traen un mensaje de paz y hermandad.
La enseñanza bíblica nos inspira a llevar una dieta de respeto a la vida. Es innegable que la alimentación vegetariana fue la que mantuvo el hombre en el paraíso, la que practicó Daniel y sus hermanos, y la misma que siguió Jesús; “leche y miel será su alimento, para que sepa conocer lo bueno” Isaías (7.15). Además, el quinto mandamiento ordena “no matarás”.
Sin embargo, es preponderante la idea entre algunos cristianos de que Dios creó al hombre para que disfrutara las cosas del mundo. Esta es una idea muy antropocéntrica y, por lo tanto, egoísta. Más bien, el Señor le da soberanía al hombre para que sirva a sus hermanos menores (los animales), dándoles la protección necesaria, mas no para que abuse de ellos y los maltrate. Como encontramos en Juan (3.16): “Porque tanto amó Dios al mundo [no solo a la humanidad] que envió a Su propio hijo…”.
Más allá del vegetarianismo
El alimento además de vegetariano debe ser ofrecido al Señor, para espiritualizarlo. Ya que todo lo tomamos de Dios, debemos agradecerle por el alimento que nos da. De lo contrario actuaremos como ladrones. Si se come sin ofrecer a Él, es un pecado, se ingiere karma, pues muchas entidades mueren cuando se enciende el fuego y se cocina, y también ocupamos algunos vegetales que tenían vida, sin embargo, cuando son ofrecidos a Dios, sus espíritus se benefician.
La parte de la historia que no nos contaron...
El emperador Constantino I (285-337) favoreció a la Iglesia cristiana, le dio libertad de culto y, en el año 334, la convirtió en religión estatal. A cambio, la Iglesia lo nombró santo. Constantino, no obstante, no se diferenció en nada de sus antecesores respecto a las ansias de poder, al despotismo y la crueldad. Llevó a cabo muchas guerras. Los cristianos originarios que querían permanecer fieles a sus ideales pacifistas fueron obligados —bajo amenaza de tortura— a ir a la guerra de lado del emperador. Se dice que a quien no quería comer carne, el emperador le hacía embutir plomo líquido en la garganta. Estas acciones casi disolvieron el cristianismo de los orígenes. Los cristianos fueron entonces obligados oficialmente a prestar servicio militar, a comer animales y a beber alcohol.
En el Concilio de Nicea (325) Constantino le impuso a la Iglesia su concepción del cristianismo. A continuación, los Evangelios fueron adaptados al espíritu de la época. Para esto se instituyeron los llamados “correctores”. Las falsificaciones conscientes de la Biblia se realizaron sobre todo después del concilio de Nicea, omitiendo gran parte de las enseñanzas bíblicas más importantes.
El alimento además de vegetariano debe ser ofrecido al Señor, para espiritualizarlo. Ya que todo lo tomamos de Dios, debemos agradecerle por el alimento que nos da. De lo contrario actuaremos como ladrones. Si se come sin ofrecer a Él, es un pecado, se ingiere karma, pues muchas entidades mueren cuando se enciende el fuego y se cocina, y también ocupamos algunos vegetales que tenían vida, sin embargo, cuando son ofrecidos a Dios, sus espíritus se benefician.
La parte de la historia que no nos contaron...
El emperador Constantino I (285-337) favoreció a la Iglesia cristiana, le dio libertad de culto y, en el año 334, la convirtió en religión estatal. A cambio, la Iglesia lo nombró santo. Constantino, no obstante, no se diferenció en nada de sus antecesores respecto a las ansias de poder, al despotismo y la crueldad. Llevó a cabo muchas guerras. Los cristianos originarios que querían permanecer fieles a sus ideales pacifistas fueron obligados —bajo amenaza de tortura— a ir a la guerra de lado del emperador. Se dice que a quien no quería comer carne, el emperador le hacía embutir plomo líquido en la garganta. Estas acciones casi disolvieron el cristianismo de los orígenes. Los cristianos fueron entonces obligados oficialmente a prestar servicio militar, a comer animales y a beber alcohol.
En el Concilio de Nicea (325) Constantino le impuso a la Iglesia su concepción del cristianismo. A continuación, los Evangelios fueron adaptados al espíritu de la época. Para esto se instituyeron los llamados “correctores”. Las falsificaciones conscientes de la Biblia se realizaron sobre todo después del concilio de Nicea, omitiendo gran parte de las enseñanzas bíblicas más importantes.
Citas de la Biblia:
“Lo que hagáis al más pequeño de los míos, me lo estáis haciendo a mí” (Mateo, 25.40).
“Ahí os doy —dice Dios— cuantas hierbas de semilla hay sobre la faz de la tierra, y cuantos árboles producen fruto de simiente, para que todos os sirvan de alimento” (Génesis, 1.29).
“No te juntes con los borrachos de vino, ni con quienes se deleitan en el consumo de la carne” (Proverbios, 23.20).
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo, 5.7).
“Los animales son mis amigos, y yo no me como a mis amigos”
(San Francisco de Asís).
“El que inmola el toro es como uno que mata a un hombre. El que sacrifica la oveja es como uno que estrangula a un perro. El que presenta víctimas para alimento es como uno que ofrece sangre de cerdo” (Isaías, 66.3).
“¿De qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios? —dice Yavé—. Estoy harto de holocaustos de carneros y de grasa de animales cebados; y no me complazco con la sangre de novillos, corderos y machos cabríos. Cuando venís a mostraros ante mí, ¿quién reclama esto de vuestras manos?” (Isaías, 1.11-12).
“Y cuando me extendéis vuestras manos, aparto mis ojos de vosotros. Y aunque multipliquéis las plegarias, no os escucho, pues vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, purificaos, apartad vuestra maldad de delante de mis ojos; cesad de obrar mal. Aprended a obrar bien, aspirad a la justicia y ayudad a los oprimidos” (Isaías, 1.15-17).
“Porque en bondad amorosa me he deleitado, y no en sacrificio; y en el conocimiento de Dios más bien que en holocaustos” (Oseas, 6.6).
“Pues yo no hablé con vuestros padres ni les di orden alguna el día que los saqué de Egipto sobre holocaustos ni otros sacrificios” (Jeremías, 7.22).
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Contenido y fuente, Vaishnavismo y cristianismo: Srila Atulananda Acharya
Una ofrenda a Madre Tierra!
FUENTE





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